El nombre del infinito

       ¿Las Matemáticas y la Religión se encuentran relacionadas de algún modo? En otra entrada de este blog titulada Razón de fe realicé un estudio acerca de las similitudes que había encontrado entre Ciencia y Religión en cuanto a sus objetivos, procedimientos en su búsqueda de la verdad y enemigos comunes. Pero la pregunta que ahora planteo va más allá: ¿la Religión ha influido decisivamente en la creatividad matemática? El libro que ahora os presento trata de la influencia que han tenido las creencias religiosas en facilitar la creatividad científica.

El nombre del infinito de Loren Graham y Jean-Michael Kantor


       Hoy por hoy nos puede resultar extraño que la Religión y las Matemáticas puedan de algún modo influirse. No es de extrañar que muchos opinéis que son como el agua y el aceite: no se pueden mezclar y si lo intentamos, es decir, si añadimos fuego a la mezcla, terminará por saltarnos.

       El anterior libro es un ensayo histórico sobre un periodo de las Matemáticas bastante desconocido en general debido al manto de opacidad del antiguo régimen de la Unión Soviética, muy especialmente en su propia historia. Hace pocos años salieron a la luz ciertos documentos que han permitido a dos grandes matemáticos e historiadores de las Matemáticas como Loren Graham y Jean-Michael Kantor, autores de la obra,  reconstruir la historia de la Escuela Matemática de Moscú, una de las más importantes del siglo XX en una edad de plata de la creatividad rusa. Y resulta de lo más atractivo descubrir en sus páginas que la influencia de las convicciones religiosas de sus fundadores fue el motor de la creatividad matemática rusa de principios del siglo XX, sobre todo en el terreno de la teoría descriptiva de conjuntos y en el estudio de funciones discontinuas. Se creó un nuevo modo de explicar las Matemáticas como parte integral de un conocimiento mucho más amplio y como un ejercicio mental de pura creatividad, lejos de la pedagogía de la época en donde resultaban un conjunto de resultados encadenados perfectamente en los que era muy complicado poder aportar algo novedoso porque parecía que todo estaba ya descubierto. Entre los fundadores de la nueva escuela se hallan algunos de los matemáticos más importantes del siglo XX. En concreto encontramos a Egorov, Luzin y Florenski, el llamado trío ruso. 

       Esta creatividad matemática influida por la religiosidad está contada en contraste con el neopositivismo lógico y ateo de la escuela matemática francesa, la más importante y moderna del momento,  entre los que destacamos los matemáticos contemporáneos al trío ruso, Borel, Lebesgue y Baire, el también llamado trío, pero ahora francés. La Europa culta de influencia ilustrada se encontraba atrapada en una visión cientifistas, positivista y atea de la vida, en la que hablar de Dios y más aún, incluir a Dios en cuestiones científicas, carecía totalmente de sentido. Este paradigma tuvo importantes consecuencias negativas para los matemáticos franceses. Su inflexibilidad en el razonamiento frenó el avance investigador e impidieron los saltos creativos necesarios para cualquier descubrimiento.

      La contraposición de la lógica fría francesa y la espiritualidad de los rusos no es nueva en la historia de la cultura. Lev Tolstói compara en Guerra y Paz la lógica cartesiana de Napoleón en su invasión de Rusia con la religiosidad emotiva de su adversario Kutúzov. El novelista describe al general ruso, después de la decisiva batalla de Borondino, arrodillándose agradecido ante un santo icono en una procesión eclesiástica mientras que Napoleón razona sobre su "error de cálculo".

       Inicialmente y a partir de la reconstrucción histórica del momento,  la lectura de este libro puede destilar la conclusión de que un sentido integral de la vida en la que se incluyan sin contradicciones el razonamiento lógico y la religiosidad es mucho más rico que el cientifismo ateo e inflexible. Y ello ha influido e influye en la propia labor creadora de la investigación científica.

      Sin embargo sería demasiado simplista concluir que sólo trata de la armonía que debería existir entre Ciencia y Relgión en oposición a una relación intrínsecamente conflictiva, teniendo en cuenta la lógica materialista del europeo culto de principios de siglo. También podemos encontrar un episodio en el que el ateísmo ha fomentado la creatividad matemática, en concreto en el planteamiento y desarrollo de las cadenas de Márkov, aunque en el trasfondo de los nuevos descubrimientos está el concepto filosófico y religioso de libertad. Se pone de manifiesto en este acontecimiento concreto que seguramente hay más cosas que unen a creyentes y ateos que lo contrario, aunque como en este caso sea en contraposición a una idea religiosa de libertad. Un ejemplo pues, en este caso matemático, en el que creyentes y ateos están unidos mediante la creatividad.
   
       Ya que el sentido religioso de la vida abarca todo los aspectos de ésta, incluida la labor matemática, podríamos esperar que el trío matemático ruso era gente virtuosa, una especie de héroes frente a la revolución y persecución religiosa que se les avecinaba. Sin embargo, al adentrarnos en sus biografías así como en la de otros matemáticos menos influyentes, descubrimos tanto las flaquezas humanas del hombre religioso como la  presencia de ciertos valores cristianos que brotan desde la coherencia moral del ateo. Especialmente emotiva es la vida del matemático  Nikolái Chebotáriov. Su sentido de la justicia no es un valor de mínimos, sino de coherencia personal. Guiado por su ética propia y no por un imperativo religioso o ideológico, se nos presenta como un verdadero mártir de la imposición ideológica: fue desprestigiado por el régimen comunista ruso al rechazar el cargo del gran matemático Egorov, depuesto injustamente por su condición religiosa (posteriormente fue enviado a la cárcel). Este episodio puede ponerse en contraste frente a las incoherencias personales de los propios matemáticos del trío ruso (que eran de condición profundamente religiosa). Destaco por ejemplo el antisemitismo de Florenski que llegó a ser padre ortodoxo, la falta de generosidad de Luzin con sus alumnos más brillantes o los prejuicios Egorov hacia aquellos discípulos suyos que se declaraban simpatizantes del comunismo. 

     Acercándonos a otros personajes matemáticos rusos y franceses podemos igualmente vislumbrar el comportamiento humano frente a la labor investigadora. Vemos cómo las flaquezas humanas, el sentido del misticismo, la ética personal, la condición sexual... son la base de ciertas actitudes que favorecieron también la investigación matemática.

       Destaco en contraste con lo anterior la condición elevada de algunos sabios que se esfuerzan por alcanzar un profundo conocimiento de la realidad integrando sin el menor reparo Filosofía, Religión y Matemáticas. Esta pretensión no es nueva. Podemos encontrarla en la base de culturas pretéritas y florecientes como la egipcia o la griega clásica. En Oriente, en la India, tampoco ha sido históricamente una cuestión vudú que estos campos del conocimiento se enriquezcan mútuamente. En Europa también contamos con ejemplos ilustres: cualquiera que esté familiarizado con la obra y creencias de Isaac Newton o de Baise Pascal, por nombrar a sólo dos matemáticos (y filósofos), lo sabe muy bien. Este libro pues, nos muestra un ejemplo más reciente en el tiempo de cómo en ocasiones las Matemáticas y la Religión son disciplinas convergentes e integradas que fomentan una retroalimentación mutua y creativa, muy lejos por tanto del tópico de enfrentamientos entre razón y fe mitificados en los tristes episodios de Galileo y Darwin.

       La suerte de los componentes de ambos tríos fue desigual:

       La represión religiosa del régimen de Stalin acabó con Egorov en prisión y muerto de inanición. Luzin estaba personalmente perdido. Simpatizó en un principio con el marxismo, algo común entre la gente culta de la élite rusa del momento,  pero vio que sus ideales de un materialismo filosófico que implicaba según  lo que se respiraba en el ambiente, nuevos aires de revolución y libertad, se tradujeron en crueles escenas de matanzas, persecución ideológica y desigualdades sociales. Ello le decepcionó y conmovió tan profundamente que cayó en una grave depresión en la que incluso planteó suicidarse. Es particularmente edificante cómo las actitudes humanas de Égorov, su profesor de Matemáticas que le facilitó una beca para ir a Francia e impregnarse de la Matemática de París, de Florenski, quien ofreció unos estrechos lazos de amistad sobre todo en los peores momentos de su vida, y de su esposa, quien por amor dejó casi su exclusiva labor intelectual para dedicarse en profundidad a equilibrar a su familia y sobre todo a su marido, nos hacen creer que en el prójimo y en Dios podemos encontrar nuestra liberación a cualquier carga. Especialmente interesante resulta la conversión religiosa de Luzin al leer la tesis doctoral de Pável Florenski, La columna y el fundamento de la Verdad, obra denostada y oculta durante el régimen comunista soviético y hoy sacada a la luz y traducida recientemente al castellano. En ella, Florenski integra como las caras de una misma moneda tantas ramas del saber, incluidas las Matemáticas, que se le ha apodado como el Leonardo da Vinci ruso. Esta obra es hoy considerada uno de los monumentos más importantes del pensamiento humano del siglo XX. A partir de ese momento, la relación intelectual de Luzin con Florenski no sólo versará sobre su labor matemática, sino que se integrarán la parte más humana y religiosa: además de mejor amigo, Florenski fue para Luzin una especie de consejero espiritual que alivió su desesperación y le salvó la vida. La suerte de Pável Florenski, padre ortodoxo y gran matemático fue trágica. Como mártir de la iglesia ortodoxa fue fusilado por no renunciar a sus creencias religiosas.

       La suerte de los matemáticos más importantes de la atea y positivista Francia no fue mejor. La inflexibilidad en el razonamiento lógico y matemático de esta escuela impregnada una visión cientifista y atea, condujo al trío matemático francés a un enfrentamiento contra un verdadero abismo intelectual. Algunos se detuvieron a tiempo. Borel, por ejemplo, abandonó el campo de la investigación matemática por temor a las consecuencias mentales que llevaron a su colega Baire a suicidarse. Lebesgue hizo de una profunda amargura derivada de su frustrada investigación matemática crítica elevada hacia sus colegas, incluso hacia aquellos a los que admiró profundamente como Borel.

       Esta obra se puede considerar como el esbozo de un capítulo más de la historia humana, aunque en ella se hable de matemáticos y de Matemáticas. El motivo que origina esta nueva página de su historia es un descubrimiento (¿o creación?) matemático que sigue causando estupefacción y asombro a aquéllos que pretenden comprenderlo en profundidad. Resulta interesante saber que la osadía de intentar adentrarse en él ha sido motor de la creatividad rusa y la causa de la frustración francesa en el campo de la teoría descriptiva de conjuntos. Si estáis interesados podéis abrir la Caja de Pandora: hubo una vez un matemático de finales del siglo XIX que se atrevió a mirar cara a cara al infinito y a describirlo matemáticamente...

       ...y robó el  fuego de los dioses, y por ello fue severamente castigado con la locura.

       No quisiera terminar sin agradecer esta recomendación literaria a José María Almira, profesor titular de Matemática Aplicada en la Universidad de Jaén, y autor de diversos artículos matemáticos y  libros de divulgación matemática.

Título: El nombre del infinito. Un relato verídico de misticismo religioso y creatividad matemática.
Editorial: Acantilado.
Autores: Loren Graham y Jean-Michael Kantor.
Traducción al castellano de José Manuel Álvarez-Flórez.
Primera Edición: Noviembre de 2012.

btemplates

1 comentarios:

Jose María Almira dijo...

Hola!

Muchas gracias por el agradecimiento... Y me alegro de que te gustara este libro. Yo creo que es una obra singular, muy interesante. Es magnífico que haya lectores como tu. Recibe un fuerte abrazo

Jose María Almira

P.s.- Está decidido: tenemos que compartir un café. Escríbeme.... cuando quieras...

Publicar un comentario